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miércoles, 29 de abril de 2015

Dialogos Intimos I - La muela



Diálogos íntimos I.

La muela.

Cotos Regables del Guadalquivir

(Época: Finales de verano de 1982)

Ha comenzado la siega. Y el trajín que esto implica. Prácticamente  no voy a bajar del tractor en todo el día.

Por la mañana, tras secar el suelo del secadero a base de barridos con las grandes escobas, extenderé la barra de arroz que pasó la noche bajo las lonas impermeables y pasaré el rastrillo para dejarlo bien expuesto al sol y acelerar su secado.

A media mañana, cuando también se haya secado el rocío que humedece los campos, continuará su trabajo la cosechadora y cambiaré al tractor con remolque para traer el arroz recién segado, pesarlo húmedo tal cual y extenderlo al sol. 

A lo largo de la jornada, si una partida está lista para enviarla al molino, pondré la pala recogedora en el tractor y acercaré el arroz a la cinta transportadora que lo eleva hasta la alta caja del camión.

Al final del día, cuando las sombras se alargan y el aire comienza a refrescar, recogeré el arroz extendido y rastrillado, para hacer una larga barra que taparemos con lonas y evitar que el rocío nocturno lo humedezca.

Y así un día tras otro hasta que la última espiga sea cosechada y comience la larga estación de tierras húmedas, llanas y grises que es el invierno en la marisma.

Un tractor es una maquina potente, pesada y lenta. Pero aunque su velocidad no sea alta su aceleración en cortas distancias es grande. Hay poco margen de error y requiere ser manejado con mucha precisión en las estrechas carreteras de grava del arrozal y en los diminutos espacios del secadero. Hay que estar bien despierto…

Y lo estoy, demasiado quizás, y  no solo por el estrés de este trabajo. Una vieja raíz molar está dándome unos días de intenso dolor. Apenas puedo tomar analgésicos que no bajen mi nivel de atención hasta un límite peligroso, y en este trabajo el límite está cerca. Tan solo de noche puedo tomar algo más enérgico. Durante el día me conformo con viejas hilas de clavo, a cuyo sabor me acostumbro y relaciono con historias del Siglo de Oro. Debo soportar el dolor …

Hay una línea verde en mi cerebro que oscila en pequeños saltos, un sonido, el tacto diferente de las superficies, el fulgor de un espejo, una risa a lo lejos, el murmullo de un motor que trabaja a su aire….De pronto un rojo chispazo me enciende los nervios de pies a cabeza, contengo la respiración, encojo los dedos de los pies, aprieto con más fuerza el ancho volante del tractor… Una línea roja quebrada como una malvada sierra oscila ante mis ojos, invade mi cerebro como una horda salvaje y violenta.

Tres días, poco descanso. Nada puedes hacer. La vieja muela palpita a un ritmo impredecible y trenza una red de dolor que me envuelve la cabeza, paraliza mi voluntad y casi no respiro para no excitar la maldad de la bestia. Nada..?

Pienso despacio, en los breves intervalos en los que la línea es casi verde, y sé que el dolor no está en mi cerebro. Tan solo es un aviso, un mensaje pre grabado que mi muela envía para decir que algo sucede. Es mi cerebro el que lo magnifica y convierte el lenguaje de la química, las cargas eléctricas que circulan por los nervios, en una rabiosa explosión de advertencia, encendidos neones de dolor…

Hay que simplificar el modelo. No es una red. Es un único nervio, cumplidor él, dedicado a su trabajo, perseverante en su función, descarnado narrador de tus miserias. Ha estado en virtual silencio durante 20 años y despierta con la energía insolente de lo poco usado. Es un único nervio…

Mil escenas de desactivación de explosivos acuden a mi memoria: el tiempo vuela entre tic-tacs, en segundos, en centésimas, los cables de colores, este no es, este no debería ser, quizás sea este… El cortante alicate tiembla, la vida puede no valer nada… Decidir, cortar!!

Yo no debo elegir. No tengo que elegir. Es un único nervio. Nada va a romperse en mil pedazos si me equivoco. Puedo hacerlo, solo voy a ganar … 

Ahora soy yo el que debe trabajar en el mapa. Hay que trazar la línea que une mi vieja muela con el excitado centro multimedia de mi cerebro. Es un trabajo que parece difícil: ¿por dónde demonios pasará realmente? Súbitamente la inspiración llega a mí como un mensaje de salvación: todo es virtual. El dolor es virtual, el trazado del nervio también lo es. Creativo, espoleado por el sufrimiento, mi cerebro desdeña el complicado mapa neurofísico y hace un brillante y sencillo croquis: veo perfectamente el rrrrooojooo cablecillo que busco.

Blando con decisión un precioso alicate cizalla, titanio cortante, fundas de amarillo suave cuero. Perfecto, preciso. Se acerca al pulsante cable, abre sus mandíbulas intactas para morder por primera vez. Será implacable. 1,2,3… Cortado.

La primera mañana de la más feliz primavera, la sonrisa de tu amor, el agua fresca de un arroyo de montaña, el primer beso, el más dulce nectar… La paz desciende sobre mí como un bálsamo de magnolias, me envuelve, me acuna… Soy muy feliz. Siento placer de una forma tan intensa que parece inmoral. Lloro de emoción. Descubrir este poder me hace sentirme redimido, espiritual, agradecido. Lloro de felicidad y agradezco a mi cuerpo su buen entendimiento con mi voluntad….

Ese día aprendí muchas cosas. No solo descubrí un poder excepcional, también impuse de forma voluntaria una restricción sobre él. Quizás alguien piense que nuestra cultura cristiana, la que me envolvió durante los años de infancia y adolescencia, nos aboca a aceptar el sufrimiento de una forma insana, absurda y patética. En nuestra actual cultura hedonista ¿por qué no disfrutarlo? No tengo una respuesta definitiva, como no las hay para hallar el sentido de la vida. Yo creo en los equilibrios, en la respuesta progresiva de que la hablan las culturas orientales: responde a un ataque con una fuerza proporcionada a la de este. Equilibrio, eficiencia… 

El sufrimiento es parte de nuestra naturaleza y el saber que podemos controlarlo nos hace verlo como un rudo amigo, que advierte, que alerta, que incordia, pero incorruptible y consejero fiel. No hay que despreciarlo, tan solo a veces … cortar el cable.

martes, 28 de abril de 2015

Dialogos Intimos II - Verrugas plantares



Diálogos íntimos.
Verrugas plantares

(Época: Otoño 2008)

La consulta con el dermatólogo es a última hora. Sobre 20:30.

Nada tiene de especial. Un piso normal, una sala de espera normal, revistas de automóvil, ‘Diez Minutos’, ‘HOLA’… Pinchazo en el pie, grrrrr.

Hace un par de años observe un día en la parte superior de la planta del pie derecho (en la zona que muestra la flecha de la figura más abajo) una curiosa marca circular casi perfecta de unos 2-3 mm de diámetro. Ribeteada en un elegante tono gris pizarra roto escrotal, o cualquier otra denominación ‘nouvelle cuisine’ (1) que un gay imaginativo le puede dar a los más infumables colores. Creí que había sido causada por haber pisado una recortadura de metal, por lo que supuse que desaparecería en poco tiempo. 



(2)

Pero no fue así. Se mantuvo y al cabo de unos meses apareció una ‘amiguita’ a su lado. Ya no me quedó duda de su origen biológico, pero como no se notaban, ni causaban dolor o picor, deje pasar el asunto.
Un día, cuando ya eran tres bolillos, sentí un pinchazo agudo en esa zona. Duró poco pero lo sentí perfectamente. Y así, varias veces al día el alegre corrillo me recordaba que estaban allí. Pero yo, siguiendo aquello de que ‘la vida son esas cosas que te pasan cuando no está haciendo algo importante’ dedicaba una gran parte de mi tiempo a preocuparme por cosas que no podía resolver y a vivir en una queja continua sobre la esquilmada existencia del endeudado.
Al final, cuando ya los pinchazos comenzaban a remedar el ritmo de una ‘escuela de samba’ pedí cita con el dermatólogo.
Cuando me pide que me descalce me acuerdo de aquella anécdota del paleto que fue al hospital García Morato (la parte más vieja del actual ‘Virgen del Rocío’), en mi aldea de la marisma le decían a eso ‘dí en c’al Morato’ (ir a la casa del Morato), y cuando el médico le pide que se descalce el pie izquierdo le responde que ‘Discurpe usté pero solo traigo preparao (lavado) er derecho’.
(1)     Tipo de cocina en la que el recipiente de servicio está elegantemente vacío con curiosas manchas de colores de materia comestible y esta tiene un nombre que tarda en recitarse el triple de tiempo que tardas en comerlo. 
(2)     La imagen ha sido tomada de:

-          Son verrugas plantares
A esta declaración sigue una minuciosa descripción de los medicamentos y protocolos de aplicación de estos.
-          Dos veces al día la crema se frotará con movimientos circulares sobre la zona afectada. Las manos deben protegerse con guantes ya que las verrugas son bastante contagiosas y lavarse cuidadosamente tras cada aplicación.
-          Lo normal es un tratamiento de varios meses, etc..
Me despido, agradeciéndole su trabajo, y tras pasar por una farmacia de guardia para proveerme de los materiales recetados me subo al coche en un estado de irritación contenida contra el grupo de ‘amiguitas’ punzantes. A estas alturas son casi media docena.
Por la noche, tras la cena, hago un pausado pediluvio, y ya sobre la cama me pongo la cara de ATS y tras deslizarme los guantes comienzo a distribuir la crema sobre el corro de cabronas. Es pringosa y se absorbe mal. Con varios inspirados ‘me cagoentoloquesemenea’ acabo, guardo la crema, tiro los guantes y dedico otros dos o tres ‘mecagoen…’ al recordar que mañana a mediodía debo hacer esto mismo en el poco adecuado ambiente de mi oficina.

Naturalmente no lo hice. Vaya coñazo. Mi irritación crece internamente al pensar en los meses extra que supondrá el no hacerlo dos veces al día.
Esa noche ya pertrechado de los ridículos guantes y cuando iba a ponerme la pringosa crema, mi yo más batallador se hace cargo del asunto:
-          Eres un idiota pie. No tienes una gran vida social pero lo de darle cobijo a estas cerdas por tener compañía me parece una pasada. Ahora por tu descuido tengo que perder el tiempo y andar con estas pringues y los mierdas guantecitos que parezco un vicioso a punto de ensayar una masturbación higiénica.
-          Esto hay que arreglarlo. Esas cosas NO SON NUESTRAS. Son unas aprovechadas, te han engañado y NO LES VAMOS A DAR DE COMER. NI GOTA DE SANGRE, NI GLUCOSA, NI COSAS RICAS PARA ELLAS. QUE SE VAYAN AL CARAJO.
-          Te voy a recordar esto cada noche y más de un día. No voy a dejar que te relajes ¿te enteras cretino?
En las siguientes noches, o cuando pinchaban, no deje de practicar este extraño estado zen en el que la nada era sustituido por una imagen victoriosa de las cabronas con sus hatillos de agujas camino del destierro, como en las tragedias de Goya, Delacroix o Gericault.
-          Que les den. QUE NO ME ENTERE YO QUE LES DAIS DE COMER, NI NADA DE ‘YO LO SIENTO PERO EL JEFE..’: AL CARAJO CON ELLAS!!.
Varias noches más tarde solo tres círculos eran visibles, los otros dos no podían ser descritos en términos de colores gays, todo era adorable y familiar color ‘planta del pie de MI PIE’.
-          Esto va bien capullo. Veo que te estas tomando en serio tu trabajo y si quieres charla aquí estoy YO. También puedes charlar con las orejas o con el carajo, que como es tuerto se lo tiene creído pero agradece un poco de adulación. Cualquiera de CASA y nada de esas guarras ¿capicci imbécil?
A las dos semanas de iniciada la campaña solo tenía buenas palabras para mi pie, pero ya estaba acostumbrado al idioma de legionario y así fue la ceremonia de condecoración:
-          Que bien lo has hecho SIPOTE. NO HA QUEDAO NI UNA GUARRA. ESTÁS IMPARABLE MARICONAZO. POR FIN UNA ALEGRIA ¿VES COMO PODIAMOS?. Y AHORA A DISFRUTAR: ¿Ves este paquete de gasitas, guantes, pringue..?. PUES DALE YA UNA PATADA EN LOS HUEVOS CABRONAZO QUE TE LO HAS GANAO, COHONE.
Y así acabó este dialogo. Siete años después, ahora, ni rastro de verrugas, pero mis pies siguen socialmente activos, así que algo habrá que contar. En otro episodio.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Historias del Viso - Cap. 14 - Chumbos y guindillas

!Ay que me pica!

La vida es, filosofías y teogonías aparte, un transitar entre grupos. Prácticamente desde que nacemos pertenecemos sucesivamente a una u otra clase, una categoría, un grupo. Bebés o cagones, reptadores y pruebatodo, pequeñajos, txiquets, pequeños, los de primero, los mayores, adultos, cuarentones, viejosverdes, jubilados, güelos, ancianos y amigos para siempre, lamentablemente sin derecho a copa y pitillo.

En el Viso, y en esa época los únicos grupos que nos interesaban eran los muy naturales y cambiantes de mayores y pequeños. Siempre hubo una línea difusa entre ambos y también algo constante: la única frontera que se deseaba atravesar era la que llevaba de los pequeños a los mayores y nunca a la inversa. A estas alturas de la vida a nadie sorprende que esto fuera así, pero nos gustaria que al menos uno de cada dos años se invirtiera el sentido de esa frontera.

Es verano. A mediados de Agosto el Viso es un lugar perfecto para disfrutar de todo el sol y calor que quieras durante el día y de la frescura de sus noches despejadas. Este año hemos coincidido varias familias en el tiempo de Agosto: Vicentitos, Navarritos, Silvitos y Angelitos.

Javier ha puesto de moda hacer aguas de colores machacando flores de pericos. Las más espectaculares son las de color rojo rubí. A las niñas les gusta el tema y nos organizamos para producir en grandes cantidades. Pequeños grupos recolectan las flores visitando como parlanchinas abejas las distintas matas de Pericos: rojo escarlata, amarillos, morados, rosas, blancos, moteados…. Las colocamos en cubos de plástico y con pequeños troncos que hemos pelado, pulido y redondeado en su punta con ayuda de las escofinas de la carpintería, las machacamos y le añadimos pequeñas cantidades de agua. Después pasamos esta pasta por una tela metálica y un trapo a modo de colador y obtenemos un líquido de color muy concentrado, que despues mezclamos con agua. Hay que añadir que todos teníamos las manos enrojecidas de rascarnos, pues aquellos líquidos daban un picor que resistía lavados y jabones. Yo me frotabas las manos con arena y algo se arreglaba pero no todo el mundo seguía mis bravos consejos. Llenamos todos los botes que tenemos con estas aguas de colores. Ahora había que encontrar una tela que se dejara tintar con nuestros inventos.

-      Le podemos pedir a la tía Merche…
-      Naaa, no le podemos pedir naaa, que va a decir que noo.
-      Bueno pero si se lo pedimos bieennn.
-      Hija que poco conoces tu a la tía Merche, afirmó Margarita dando por cerrado el tema con Isa, más partidaria de la transparencia en el uso de los bienes Viseños.
-      Pues yo sé de donde podemos sacar otra ‘tela’ más bonita.
-      ¿De dónde Fabiola?
-      Hija, pues como en Cotos, de las algas de los canales.
-      Pues de donde, porque aquí canales no hay muchos… dejó caer Silvia con cierto tonillo de guasa.
-      Pues de la alberca de la Huerta Chica que está toda verde, y la secamos al sol y ya está. Como en Cotos…. soltó Fabiola quedándose tan a gusto.
-      Oye pues es verdad, soltaron a coro las demás, incluida Lucia que hizo varios disparos al aire con su revolver de pasta plateada. Por aquella época Lucia era experta en ‘apistolar’ enemigos y además tenía un ‘cortagañotes’ que tomaba prestado del arsenal de Javier, ‘por si había que rematar a algún herido de los malos’.
-      Vamos a decírselo a los primos.

Así que en nada teníamos montada una expedición a la Huerta Chica, casi todas las niñas y un buen puñado de chavales. En vez de subir hasta la granja y seguir por la bajada posterior nos metimos hacia la izquierda un poco antes de la casilla, que luego sería la leonera de los mayores, caminando por el bancal y los todavía pequeños naranjos de Clementinas hasta uno de los sitios más bonitos del Viso: el limonar de la Granja. No era solo por el olor que tenía, las copas de los limones se tocaban entre si cerrando el espacio y creando una sensación de frescura y de seguridad, como una bella habitación de acogedoras paredes verde lima. Siempre que pasaba por ese sitio deseaba tener una cabaña encaramada en la parte más densa de la arbolada, que no cambiara nunca y poder regresar allí cada vez que el mundo te dejaba fuera de la ciudad, cerradas las puertas, al anochecer…

-      Bueno mientras estos se quedan sacando algas nosotros vamos a coger dátiles, nos dijo Rafa a JoseLu y a mí.

Dos palmeras tenían ya una larga cola de dátiles amarillos, pero... a 6 metros de altura. Así que… a pedradas.

Después de unos primeros disparos lo que quedaba claro es que había que sacar de allí algunos de los más pequeños o habría una cabeza cascada en poco tiempo. No hay como tomar precauciones…

Con las pequeñas piedras que había por allí no conseguíamos atizar con fuerza en los dátiles como para derribarlos. Pero el que busca halla y con un ladrillo entero en la mano hice un buen disparo. Los únicos que podíamos lanzar aquello a la altura necesaria éramos Rafa y yo. Pero de derribar dátiles pasamos, sin que se notara, como si fuera casualidad, a tirar cada vez más alto. En una de aquellas me puse en el lado opuesto al de Rafa y cuando él logró un lanzamiento por encima de la palmera no fue un dátil lo que encontró en su elegante parábola de regreso a la tierra sino un coco: mi cabeza. Durante años he estado convencido de que la forma plana y poco ortodoxa de mi occipital (debajo de la coronilla) se debían a aquel ladrillazo. No me desmayé, ni siquiera sangré, pero la recogida de dátiles pasó a ser desde ese momento una actividad de alto riesgo.

Después de recoger las algas las pusimos a secar al sol, extendidas sobre unos guardiasaltos, volveríamos al día siguiente para llevárnoslas ya secas. Y así fue, en 24 horas teníamos unos hermosos lienzos de suave color crema verdosa con el aspecto y tacto de un paño de lino…. almidonado. Con cuidado los llevamos a nuestra tintorería, pero al igual que pasaba en Cotos aquellas bonitas piezas de algas acartonadas no resistían el tratamiento y lo mejor que obtuvimos fueron unos coquetos boquetes enmarcados en rojo, amarillo y morado. Nuestra hermosa tintorería fue, naturalmente, flor de verano.

  En Agosto siempre teníamos alguna fruta que picar, todo era llegar a los arboles adecuados y coger lo que quisiéramos. Pero no todo crecía en arboles...

-      Podemos ir a coger higos chumbos, dijo Rafa
-      Yo voyyy, y yo, y yoooo, JoseLu, Manolo, Perico, Fernando, Alberto, Álvaro, todos se apuntaron.

Salimos corriendo hacia el patio y, buscando donde hay que buscar, en un ratito teníamos todo lo necesario para cogerlos, traerlos y darnos un atracón de chumbos. Lo principal era la larga caña con el extremo hendido en cuatro partes que se mantenían abiertas mediante pequeños trozos de caña. Esto permitía que se ajustaran firmemente piezas de distintos tamaños y que al arrancar los higos de la pala no cayeran al suelo. También, con bastante optimismo, cogimos un par de cubos de plástico para traer el botín. Rafa insistió en que fuera más de uno pero no entendí muy bien porque…

Bajamos por el camino de los chalets y donde empezaban las arenas blancas con el alto y solitario peral a nuestra derecha, cogimos hacia la izquierda hasta llegar a la gran encina pegada a la valla de alambre de espino que separaba la huerta del olivar vecino. Mientras atravesábamos la alambrada a través de unos generosos boquetes que unos y otros manteníamos abiertos de forma permanente, mirábamos el estado de las moras pero aún no estaban maduras ni siquiera para el paladar de Alberto que era la referencia en cuanto a ‘comestibilidad’ de lo que fuera desde naranjas a vinagritos.

La chumbera se extendía interminable a nuestra derecha hasta cerca del camino de albero de la entrada a la huerta.

Rafa llevaba la caña y cuando comenzó a tantear los primeros chumbos le dijo a los porteadores de cubos (estaban excluidos JoseLu y Germán, por ser casi mayores) que se acercaran a la valla y se pusieran en la zona por debajo de la caña ‘por si se suelta lo podéis coger poniendo el cubo debajo’. ‘Si hombre’ largaron los dos porteadores. ‘Que sí, que nunca se sueltan es por si acaso, miedicas’. Rafa sabía tocar el punto flaco de los pequeños. No llegaron a ponerse muy debajo pero estaban cerca.

Vi como Rafa tardaba mucho en enganchar los chumbos, los tanteaba, los rozaba rotando la caña, y por fin los atrapaba y con un giro los sacaba de la pala. Le vi hacerlo varias veces impaciente yo por demostrar que se podía hacer más rápido, cuando al trasluz del sol vi el polvo que se desprendía de la caña cuando la rozaba con el chumbo. Entonces comprendí por qué tenía aquella sonrisita y los ojos brillantes desde hacía un rato. ‘Déjame Rafa, creo que ya he aprendido a coger los higos chumbos a tu estilo’ le dije medio riéndome.

Después de pillar un par de docenas de higos, los porteadores, más los dos o tres relevos andaban ya como locos estirándose el cuello de la camiseta. ‘No os pica er cueyo?’ ‘A mi mucho y también las orejas’. Así que cortamos la historia y volvimos a casa muy orgullosos de nuestra cosecha y con bastante risa.

Una buena broma tiene dos partes: la primera es que te rías y la segunda que no te pase ná cuando el embromado te pilla…o sus parientes. Así que la primera parte ya estaba hecha.

‘Ellos nunca han tocado los chumbos, mamá, nosotros no los íbamos a dejar hacerlo. ¿A que no habéis tocado los chumbos?’
‘Noooo’ contestaron en picajoso coro los porteadores temblorosa la voz.
‘¿Pues entonces como están con este sarpullido?’ gritaba la tía Angelita en representación de madres afectadas
‘Porque son muy torpes y se habrán rozado con las chumberas sin darse cuenta’ finalizó Rafa que ya veía peligroso el interrogatorio.

Y también la segunda parte. Nuestras caras estaban intactas y más duras que antes.

Hoy sabemos que el cerebro repite lo ya hecho con preferencia a iniciar algo nuevo. Así se ahorra azúcar. A nosotros nos hubiera venido bien saberlo, pero eso no impedía que lo practicásemos. Visto de otro modo repetiremos lo que ya nos ha divertido. Y así fue.

Unos días después, cuando el furioso color escarlata enfadao había retrocedido hasta solo pescuezo escocio en los porteadores, los creadores de ‘Cañita pica y pica’ ya teníamos una nueva y jocooosaaa idea más en la línea del toco-mocho. Primero enseño los billetes y luego pongo los recortes de periódico.

Ese año en el arriate que había en la fachada que daba al camino alguien había plantado unos bonitos pimientos que al madurar tomaban un hermoso color rojo. Aún estaban verdes la mayoría cuando yo los probé. Solo fue un bocado de prueba. Me ardió la boca y entre escupitajos y tacos de primera edad me fui al grifo a enjuagarme. Una guindilla fresca tiene poco de  fresco, no es solo el picor hay algo mas como de pimiento amargado que lo hace muy persistente. Por fortuna no me había visto nadie con lo que mi ego estaba a salvo. Pero …. si yo me había equivocado, otros mal informados …..

  Al día siguiente conmigo como capo y con Rafa y JoseLu como ganchos colgué en la mata de guindillas, sin que nadie me viera y de la forma más natural varios pimientos de un tamaño y color similar al de los propios frutos de esta. Arrimamos una mesita y pusimos en ella un salero y vinajeras más un cuchillo. Y comenzó la trama…

‘¿Quién quiere un pimiento aliñao?’ ‘Yo, yo’ pidieron los ganchos. Cogieron dos de los pimientos camuflados y yo los abrí les puse el aliño y ‘Ñan, que bueno’ ‘¿Quién quiere?’. Los niños siempre van en grupo y eso es bueno para el depredador porque siempre hay para elegir (nota biológica culta: especies, supervivencia, ya sabes…). Y así fue: los expertos ganchos cogían guindilla tras guindilla y me las pasaban para que yo las preparara.

‘Hay que esperar. No es justo que unos se las coman antes que otros’ así pudimos prepararlas todas sin que nadie diera la alarma y también así podían caer todos a la vez.

‘Bueno ahora no probarlas. Hay un premio de un duro al que se la coma antes’ todos apretaban la guindilla en la mano hasta hacerla sudar, poniéndola más enrabietada si era posible. ‘A la una, las dos y las treeesss!!!’

Bien salió muy bien, es lo que tiene el timo, que engancha de lo guapísimo que es  ver la cara de mamahostias que se pone al timado, y, más si se pica, jijiji, huy perdón, es una manera de hablar claro …jijiji..

La parte uno salió muy bien y en cuanto a la parte dos … bueno Rafa y yo ya estábamos en una edad en la que no era probable recibir una hostia si no había sangre de por medio. Y por otra parte la naturaleza humana vino en nuestra ayuda disipando lo que habíamos hecho, con otros culpables.

El hombre es un lobo para el hombre (nota biológica culta: especies, supervivencia, ya sabes…). Nosotros transformamos esta patibularia frase en la mucho más divertida: ‘El hombre (mejor un puñado de ellos) es un Lobo para la guindilla’. El hombre imita. Por aquí vamos mejor.

Esa misma tarde, cuando todavía escocían los morros de los afortunados y el chocolate aún sabía a chistorra salvaje, dos o tres de ellos montaron un remake para la siguiente generación de crías humanas, lamentablemente de corta edad.    

Consiguieron de puta madre la parte uno. Aún les dolían las costillas de reírse cuando una avanzadilla de padres furiosos les dejaron los cachetes con bajo relieves. Una hembra de mamífero se transforma en un basilisco si su cachorrito es timado (nota biológica culta: especies, supervivencia, transformismo, ya sabes…). No hubo parte dos.